En Armejún, la Hermandad era una institución clave en la vida comunitaria del pueblo. Desde temprana edad, prácticamente todos los habitantes eran inscritos como "hermanos", una tradición que solía llevarse a cabo durante el primer año de vida, coincidiendo con las fiestas patronales. La Hermandad tenía un fuerte vínculo con la vida religiosa, organizando y supervisando los eventos y actividades religiosas a lo largo del año.
Reconocida por el Papa, quien le otorgó una medalla de bronce, la Hermandad se regía bajo la figura del Mayordomo, un cargo que rotaba anualmente. El Mayordomo tenía la responsabilidad de garantizar la celebración de los actos religiosos, entre los que destacaba la procesión de San Bartolomé y la bendición de los campos el 27 de abril, en la que, al son de las campanas, los feligreses recorrían el pueblo y las tierras.
Uno de los rituales más importantes de la Hermandad era la "novena" o "novenario", que se extendía desde el 27 de abril hasta el día de la Fiesta de Acción de Gracias. Durante este período, la iglesia permanecía iluminada día y noche gracias al aceite aportado por los vecinos, en un gesto comunitario para asegurar la protección de las cosechas.
Además, la Hermandad poseía tierras que se habían repartido entre las familias del pueblo desde tiempos inmemoriales. La renta, consistente en fanegas de trigo, ayudaba a financiar las actividades religiosas, incluidos los sermones y misas en las festividades de San Bartolomé y el día de Acción de Gracias.
Una de las costumbres más curiosas era la figura de la "Bartola", una oveja, cabra o carnero que pastaba libremente en los sembrados y que, al final de su período, era sacrificada para el Mayordomo, quien debía invitar a los músicos y al sacerdote a compartir la comida.
La Hermandad no solo marcaba el ritmo de las celebraciones del pueblo, sino que también reflejaba un sentido de comunidad y cooperación entre los vecinos, quienes debían asistir a los funerales y misas de difuntos bajo pena de multa si no cumplían con este deber.
Mozos de Armejún y Villarijo