El horno de Armejún fue, durante generaciones, un lugar esencial para la comunidad, donde cada familia cocía el pan que alimentaba a sus hogares. En el horno se cocía el pan de todo el pueblo, dos hornadas por día y en cada hornada dos familias. Normalmente cada familia realizaba una hornada a la semana, y mediante una tabla colgada en la pared con numerosos agujeros, indicaba en qué día quería cocer su pan.
La elaboración del pan comenzaba en casa, donde las mujeres del pueblo seguían un riguroso ritual que incluía la preparación de la masa con levadura casera, el uso de rodillos (denominados sobaderas) para hacer el pan más fino y macizo y la fermentación mediante pañuelos conocidos como bancales. El proceso culminaba en el horno, dónde se removía la lumbre hecha con ulagas con el hurgonero -una barra de hierro con mango de madera- vigilando la temperatura y el tiempo para lograr el pan perfecto. Este horno no solo servía para la cocción del pan, sino que también era un punto de encuentro y colaboración entre los vecinos.
En 2003, la Asociación Amigos de Armejún emprendió la primera obra de reconstrucción del horno. El deterioro del tejado y la cúpula amenazaba con perder una parte fundamental del patrimonio del pueblo, por lo que la asociación decidió actuar para preservar este símbolo de la vida comunitaria. La restauración fue meticulosa, respetando la estructura original mientras se aseguraba la durabilidad del horno para las generaciones futuras. Sin embargo, en 2016, la cúpula interior del horno necesitó una nueva intervención, debido al desgaste que había sufrido con el tiempo. Esta reparación permitió que el horno continuara cumpliendo su función original.
A día de hoy, el horno sigue siendo un lugar de actividad y tradición. Cada año, durante la fiesta de San Bartolomé, el horno se enciende para hornear el pan que luego es subastado en la tradicional subasta de panes, un evento que une a los vecinos y celebra la continuidad de las costumbres ancestrales. Además, este horno es un recordatorio vivo del esfuerzo colectivo por mantener viva la historia de Armejún, adaptando el patrimonio a los tiempos modernos sin perder su esencia.