El edificio que actualmente está siendo restaurado para convertirse en el nuevo refugio de Armejún fue en su día la residencia del cura del pueblo. Este espacio no solo albergaba al párroco, sino que también se utilizaba como punto de encuentro para los jóvenes del pueblo, donde se celebraban fiestas tradicionales, como la fiesta de San Antonio de Padua y la Fiesta de Acción de Gracias.
La restauración del edificio comenzó en 2014, cuando su estado de deterioro era extremo. El techo se había derrumbado por completo y las paredes estaban medio desmoronadas, lo que ponía en riesgo la estabilidad de la calle superior, donde se encuentra la iglesia. Tras la eliminación de más de 7.000 kg de escombros, se levantó una nueva pared para sostener la parte superior de la calle y evitar su colapso.
Posteriormente, se trabajó en la restauración de la fachada frontal, la construcción de un nuevo techo con vigas de madera, y se completó el suelo del primer piso, también en madera. Además, las paredes interiores han sido reconstruidas con ladrillo para garantizar su durabilidad. Aunque la obra de reconstrucción sigue en marcha, el nuevo refugio avanza hacia su finalización, con el objetivo de ofrecer un espacio acogedor y funcional tanto para los socios como para los visitantes.